Gato con Botas



Ya es irónico que la primera entrada de un blog dedicado al dibujo, sea uno de mis pseudo artículos, pero yo soy así. Aún teniendo esto en cuenta, he decidido hacer una rápida ilustración que ilustre mi escrito. Así todos quedan contentos.
Tras esta breve introducción, pasemos al escrito en cuestión…

Ya hace tiempo que estoy percibiendo extrañado la proliferación de gatos en mi entorno. Últimamente todo el mundo que conozco se está haciendo con uno o incluso dos; cuando años atrás, la gente me miraba extrañada cuando manifestaba mi predilección por estos animales frente a sus rivales los perros. Incluso gente que declara tener ciertas dificultades para llegar a fin de mes aparece ante mí a las pocas semanas con un minino en su regazo.

Otra cosa que he observado, es que la mayoría de estos animales conocidos desde el Antiguo Egipto e incluso antes, por su estilizada figura, agilidad y gracilidad, se han transformado en enormes bolas de sebo que se pasan el día bajo las mantas de alguna cama, y sólo asoman los bigotes para comer.

Pero volvamos al comienzo de este artículo. ¿ Por qué todo el mundo quiere tener ahora un gato, aunque le suponga un gasto extra a su escasa economía? Por qué no un perro, que ya que le mantienes tiene la decencia de reírte las gracias y no mirarte con indiferencia o como si fueras inferior intelectualmente  cuando le haces: “bish, bish, gatito, gatito”.
Puse mi aguda mente de Premio Nobel de matemáticas a trabajar y no tardé en hallar una certera respuesta.

Toda esta “nueva moda” viene del subconsciente más primario, concretamente de la infancia. Todos recordamos la genial historia del Gato con Botas, en la que el heredero menor de un molinero pobre, hereda únicamente un gato tras la muerte de su padre. El joven está desesperado, pero el gato resulta tener una gran astucia e inteligencia y va tramando planes y argucias que llevan a su amo a amasar una gran fortuna  y a convertirle en miembro de la nobleza.
Pues bien, no es casualidad que este auge de felinos caseros se haya producido en tiempos de grave crisis económica. Es ahora cuando los dueños de estas criaturas, de una forma totalmente inconsciente, ven en sus pequeños inquilinos un ser casi mágico que puede ayudarles a triunfar  y a amasar grandes fortunas, como lo hiciera su antepasado del cuento por el joven molinero.
Lo que estas personas no saben, es que el espíritu inquieto, aventurero e irreverente que caracterizaba al gato de antaño se ha transformado en una pasividad e inactividad fruto de la molicie y la vida casera carente de estímulos (salvo la reverenciada televisión, por supuesto. Oh tele! Nosotros te alabamos).

La triste reflexión de todo esto, es que el inconsciente de la infancia, todo ternura e inocencia nos juega una mala pasada. Acogemos gatos, creyendo que son el pizpireto y resuelto Gato con botas del cuento, capaz de las hazañas más extraordinarias por ayudar a su amo, pero tristemente nos encontramos con Garfield.
    
                                                       

Comentarios

  1. Enhorabuena por su nuevo blog Sr De la Rosa! Ya estás tardando mucho en hacerte con un minino, no todos son como Garfield, aunque tampoco como el gato con botas. Un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias caballerete. El gato tendrá que esperar. Un abrazo!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares